domingo, 1 de junio de 2008

- MACEDONIO FERNANDEZ -





A 56 años de su muerte


Macedonio Fernández


RECORDANDO PORTEÑOS ILUSTRES




Macedonio Fernández nació en Buenos Aires, un 1 de junio 1874 y falleció un 10 de febrero de 1952.

Escritor argentino, autor de una obra sumamente original y compleja, que incluye novelas, cuentos, poemas, artículos periodísticos y textos de naturaleza inclasificable. Ha ejercido una gran influencia sobre la literatura argentina posterior.

En 1887 cursa sus estudios en el Colegio Nacional Central.





Durante 1891-1892, como estudiante universitario, publica en El Progreso la serie de páginas costumbristas incluidas después en Papeles antiguos. Compañero y amigo íntimo de Jorge Borges (padre de Jorge Luis Borges), comparten el interés por el estudio de la psicología y por la filosofía de Arthur Schopenhauer.

En 1897 la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires le otorga el título de doctor en jurisprudencia. Publica en La Montaña, diario socialista dirigido por Leopoldo Lugones y José Ingenieros. Macedonio fue amigo personal de Juan B. Justo, con quien mantuvo correspondencia. En 1898, recibe su diploma de abogado. Al año siguiente, se casa con Elena de Obieta, con quien tendrá cuatro hijos.





Publica en 1904 algunos poemas en la revista Martín Fierro. En 1910 obtiene el cargo de Fiscal en el Juzgado Letrado de Posadas, que desempeña durante algunos años.

En 1920 muere su esposa. Los hijos quedan al cuidado de abuelos y tías. Abandona la profesión de abogado. Al volver Jorge Luis Borges de Europa en 1921, redescubre a Macedonio, con quien comienza una prolongada amistad. Borges, hacia 1960, dicta-ya ciego- un breve y sustancioso prólogo para una antología de Macedonio. Allí se nos dice que ninguna persona lo impresionó tanto como él. Hombre que no se cansaba de ocultar, antes que mostrar, su inteligencia proverbial. Macedonio prefería el tono de consulta modesta antes que el dictamen pontificador.





Su tono habitual era el del ánimo perplejo. Lo caracterizaba la veneración de Cervantes, una cierta divinidad, para él. Detestaba todo aparato erudito, que entendía como una manera de eludir el pensamiento personal. De esta manera su actividad mental era incesante. Vivía desinteresado de las críticas ajenas, de confirmaciones o refutaciones exteriores.Con desparpajo y no cuestionada generosidad, atribuía su propia inteligencia a todos los hombres. Poseía la veneración supersticiosa de todo lo argentino. Y ejecutaba, en grado eminente, el arte de la soledad, y de la inacción. Sin hacer absolutamente nada, era capaz de permanecer solo, por horas. Pensar -no escribir- era su devota tarea. Aunque también solía, en la soledad de su pieza, o en la turbulencia de un café, abarrotar cuartillas en caligrafía minuciosa. Empero, no le asignaba valor a su palabra escrita. Dos temores lo atravesaban: el del dolor y el de la muerte. Borges conjetura que para eludir este último postuló la metafísica inexistencia del yo. En lo que concierne a la literatura, le importaba menos que el pensamiento y la publicación le era más indiferente que la literatura. Así, su vocación fundamental era la contemplativa y la persecución del desciframiento del misterio filosófico del universo.





En 1928 se edita “No toda es vigilia la de los ojos abiertos”, a instancias de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal. Publica al año siguiente “Papeles de Recienvenido”. Durante este período, se preocupa por crear expectativas respecto a la posible aparición de la novela Museo de la Novela de la Eterna. En 1938 publica "Novela de Eterna" y la “Niña del dolor”, la "Dulce-persona" de un amor que no fue sabido, anticipación de “Museo de la Novela de la Eterna".
Tres años más tarde publica en Chile “Una novela que comienza”.





En 1944 se publica una nueva edición de “Papeles de Recienvenido”. En 1947, Macedonio se instala en la casa de su hijo Adolfo, donde residirá hasta su muerte.

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